jueves, 24 de enero de 2013

A mi hermano




Si no sé escribir, es porque no lo hago viéndome a los ojos.



Cambié la respuesta al problema del universo por una cobija más cálida
Descubrí mi nombre graffiteado                      con crayón en la esquina más incómoda de la puerta del baño de visitas    .

Me gustó tu actitud de capitán de los tordos de la plaza, pero sólo porque las palomas te vieron feo
cuando no quisiste tomarte el agua de sandía       .
Y yo soltaba abrazos tercos a las columnas desnudas de la casa en           construcción porque así se me desbordaba la felicidad .

Pero hoy en día ya no me asomo por la ventana si no es para sacar                         humo por la boca,
Más bien estoy           en espera,                                              en arresto domiciliario entre el espejo y la pluma roja que dice que saqué siete
       en la entrevista de trabajo que nunca tendré.

Y sólo vivo del agua de la llave
y mis llaves se la viven en el agua   .



Creo que hay mucho

amarillo, demasiado

y necesito verme menos translúcida del pecho y del alma
Por eso me seco cara con las últimas páginas del libro que me regalaste .
La tinta corrida me recuerda que ya no te tengo m i ed  o
Es un sentimiento parecido a cuando se mandó tirar la casa de árbol de las patas largas
Y se rompió,                  con ella, la evidencia de cuando le arrojamos lloviznitas de balines a los focos del vecino que nos cagaba                              la puta madre                     .
Le tronamos todos menos cinco, dejando la fachada en reflejo cínico de nuestras sonrisas, de cuando corrimos de vuelta a la              casa, con tan pocos dientes como años en este planeta.

La lactosa, el chocolate en polvo y la langosta parlanchina de la historia que se nos leyó aquella noche.
Pero                       todavía cabían nuestros sueños en la sombra del mueble de los leones.
Si se me despertaba con cajeta, si se me despertaba                        con ganas de gritar dibujitos.

Fue en uno de esos días que te amarré a la bici con mi resorte mágico y nos aventamos al jardín por las escaleras
Y le dimos besos         al concreto y le dimos besos al pasto        ensangrentado
Y nos tiramos a la alberca en                  piyama
Y nos comimos las guayabas del árbol de la escuela, atrás del columpio de jirafas
Con el perro del vecino ladrando como degenerado
Porque no queríamos hacer la tarea.


Y                 me pronuncié una sentencia interesante              esperando tu regreso del hospital, con un peluche entre mis brazos y sentada en la esquinita de mi cama   .

Dos días después Martín                   vomitó en la alfombra, y el azul de aquel pequeño espacio perfecto se volvió el hoyo negro de las cosas que nos susurramos el uno al otro con la mirada para cuando discutieran nuestros padres
Porque en la película que vimos a escondidas le cortaban la cabeza al malo de una patada
.

Se llenó de polvo y bichos la Fanta que dejaste en el pasillo toda la semana

El armario roto de la             tía. La cola de lagartija se seguía moviendo         en su prisión de frasco de miel de abeja           .

Todavía hago pausas                                               entre cucharadas            y se me despellejan muchos otros, como si fueran las estrellas fosforescentes del cuarto en el que pasamos de seis a ocho. Como grillos pisoteados. O las hormigas de San Juan: heroínas valerosas de cien mil batallas de estuche a la hora del recreo.

No le presté mi cepillo a nadie más, como me dijiste

Puta, ahora que me acuerdo también nos tiraron la nave espacial que construimos con la caja de la tele.
Le habíamos pintado                           todo lo de adentro con crayones olvidados y para los botones pegamos cevalines con plastilina verde . Casi lloro .

Y la varicela que nos dio,
                          la que           le contagiamos a los primos y a la nana    .
Esa noche cené pan dulce con los fantasmas geométricos, por la fiebre. El calor de la taza me tomó por los hombros con una ingenuidad certerísima.
¿Qué fue lo que pensamos cuando se nos dijo de la pistola del bisabuelo
Y de Colorado en las postales?

Nuestros deseos de ser grandes, los que tuvimos de niños
no son sino peces atrapados en el cableado elástico de nuestra percepción, y de esta poda sináptica tan pinche, que nos deja cada vez más llenos de resentimiento  .




Porque, aunque en sentido contrario, tú y yo tiramos hacia la hipérbole cuando jugamos a la pelota.

-Pretroica Multicolor




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