martes, 29 de enero de 2013

Los ostiones y los jejenes de Boca de Camichín son afrodisiacos


Aún tengo en las manos esas marcas de guerra.
De la tuya.
De la mía.
Incluso de la suya.
Parece absurdo que las hubiera olvidado, pero fue apenas ayer que la izquierda volteó a verme indignada con la intensidad de 15 soles. 
Diminutos.
Deslumbrada volteé hacia la otra y me grito -te quiero- desafiando el hastío.
Bajo ese techo de vacío infinito, aún me sorprende haber sentido tanta luz.

Entonces nos lanzamos los punzones  a los pulpejos y nos mezclamos las entrañas hasta la hermandad.

El calor encendía el escozor exquisito.
Por supuesto.
Era eso.
Irresistible incandescencia.

Antes de incidir con los 14 triunfos derechos sobre los 15 trofeos izquierdos  
(porque siempre gano más de lo que merezco), 
escuché tu voz contradecirse a gritos mientras apagaba su propio incendio.  
Me reí sola como una loca. 
Descubrí que el aire me elevaba como un globo de Cantoya y pensé: entre tantas alas, es un crimen mantenerse de pie.

No pude. Por supuesto que no pude contener el hambre que sentían mis uñas.
¿Lo hubieras hecho tú?
Y me entraron unas ganas necias de contarte, pero la vida me tapó los ojos.
Desperté hoy con 15 soles mirándome de frente y 14 estrellas clavadas en el corazón.
Casi me ahogo.
Las marcas de guerra están desapareciendo, así que me pareció justo rendirles homenaje en estos minutos de casiadiós.

 -Huitzil




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