Si no sé
escribir, es porque no lo hago viéndome a los ojos.
Cambié la
respuesta al problema del universo por una cobija más cálida
Descubrí mi nombre graffiteado
con crayón en la esquina más
incómoda de la puerta del baño de visitas .
Me gustó tu
actitud de capitán de los tordos de la plaza, pero sólo porque las palomas te
vieron feo
cuando no quisiste tomarte el agua de sandía .
Y yo
soltaba abrazos tercos a las columnas desnudas de la casa en construcción porque así se me desbordaba la felicidad .
Pero hoy en día ya no me
asomo por la ventana si no es para sacar humo por la boca,
Más bien
estoy en espera, en
arresto domiciliario entre el espejo y la pluma roja que dice que saqué siete
en la entrevista de trabajo que nunca tendré.
Y sólo vivo
del agua de la llave
y mis
llaves se la viven en el agua .
Creo que hay
mucho
amarillo,
demasiado
y necesito verme
menos translúcida del pecho y del alma
Por eso me
seco cara con las últimas páginas del libro que me regalaste .
La tinta
corrida me recuerda que ya no te tengo m i ed o
Es un sentimiento parecido a cuando se mandó tirar la casa de árbol de las patas largas
Y se rompió, con ella, la evidencia de cuando le arrojamos lloviznitas de balines a los focos del vecino que nos cagaba la puta madre .
Le tronamos
todos menos cinco, dejando la fachada en reflejo cínico de nuestras sonrisas,
de cuando corrimos de vuelta a la
casa, con tan pocos dientes como años en este planeta.
La lactosa,
el chocolate en polvo y la langosta parlanchina de la historia que se nos leyó aquella
noche.
Pero todavía cabían nuestros sueños en la sombra
del mueble de los leones.
Si se me
despertaba con cajeta, si se me despertaba con ganas de gritar dibujitos.
Fue en uno
de esos días que te amarré a la bici con mi resorte mágico y nos
aventamos al jardín por las escaleras
Y le dimos
besos al concreto y le dimos besos al pasto ensangrentado
Y nos
tiramos a la alberca en piyama
Y nos
comimos las guayabas del árbol de la escuela, atrás del columpio de jirafas
Con el
perro del vecino ladrando como degenerado
Porque no
queríamos hacer la tarea.
Y me pronuncié una sentencia
interesante esperando tu regreso del hospital, con
un peluche entre mis brazos y sentada en la esquinita de mi cama .
Dos días
después Martín vomitó
en la alfombra, y el azul de aquel pequeño espacio perfecto se volvió el hoyo
negro de las cosas que nos susurramos el uno al otro con la mirada para cuando discutieran
nuestros padres
Porque en
la película que vimos a escondidas le cortaban la cabeza al malo de una patada
.
Se llenó de
polvo y bichos la Fanta que dejaste en el pasillo toda la semana
El armario
roto de la tía. La cola de lagartija se seguía moviendo en su prisión de frasco de miel de abeja .
Todavía
hago pausas entre
cucharadas y se me despellejan muchos otros, como si
fueran las estrellas fosforescentes del cuarto en el que pasamos de seis a ocho.
Como grillos pisoteados. O las hormigas de San Juan: heroínas valerosas de cien mil batallas de estuche a la hora del recreo.
No le
presté mi cepillo a nadie más, como me dijiste
Puta, ahora
que me acuerdo también nos tiraron la nave espacial que construimos con la caja
de la tele.
Le habíamos
pintado todo lo
de adentro con crayones olvidados y para los botones pegamos cevalines con plastilina verde . Casi lloro .
Y la
varicela que nos dio,
la que le contagiamos a los primos y a la
nana .
Esa noche cené
pan dulce con los fantasmas geométricos, por la fiebre. El calor de la taza me tomó por los hombros con una ingenuidad certerísima.
¿Qué fue lo
que pensamos cuando se nos dijo de la pistola del bisabuelo
Y de Colorado en las postales?
Nuestros
deseos de ser grandes, los que tuvimos de niños
no son sino
peces atrapados en el cableado elástico de nuestra percepción, y de esta poda sináptica tan pinche, que nos deja cada vez más
llenos de resentimiento .
Porque, aunque en sentido contrario, tú y
yo tiramos hacia la hipérbole cuando jugamos a la pelota.
-Pretroica Multicolor