miércoles, 30 de enero de 2013

ANTOLOGÍA LITERARIA


Alguna vez leí que las mujeres vivimos nuestra novela favorita. 

Tal vez por eso me gustan el café negro y los hombres con cierto aire de desamparo. 

Y de repente me encuentro rodeada de fantasmas que juran medio amor eterno 
bajo los almendros que no existen 
en las plazas de mi ciudad. 
Tal vez también por eso la memoria necia me hace rabiar 
pero me fascina; 
no tanto por gusto, sino por el enigma que representa la gente capaz morir a causa de ella. 

Incluso mi frialdad podría ser representación teatral de las matriarcas que habitan novelas inundadas.

Y este afán por justificar la realidad con una magia que me saco de no sé dónde 
debe tener algo que ver con mi género literario preferido. 
Como hoy que platicábamos por primera vez, como si nos conociéramos de hace años, 
y resultó que fuimos juntos al Kinder;  
y por eso preferí cortarlo de tajo antes de que lo convirtiera todo en una antología literaria.

Pero creo que en cualquier caso es más divertido ser actriz que doctora, 

además así no me pongo nerviosa. 

-Huitzil


¿Dónde estoy?

¿Cuándo me perdí?
habia perdido muchas cosas
pero no a mí misma

¿Dónde estoy?,
¿dónde están mis sentimientos y emociones?
¿qué pasó con mis habilidades y talentos?
¿en dónde quedó mi fuerza y mi orgullo?

Busco en todos lados
bajo la cama
en el armario y en la recámara

Y finalmente me encuentro
parte por parte...

-Sofía Carrandi

(Aportación de Fratercula arctica)

martes, 29 de enero de 2013

Los ostiones y los jejenes de Boca de Camichín son afrodisiacos


Aún tengo en las manos esas marcas de guerra.
De la tuya.
De la mía.
Incluso de la suya.
Parece absurdo que las hubiera olvidado, pero fue apenas ayer que la izquierda volteó a verme indignada con la intensidad de 15 soles. 
Diminutos.
Deslumbrada volteé hacia la otra y me grito -te quiero- desafiando el hastío.
Bajo ese techo de vacío infinito, aún me sorprende haber sentido tanta luz.

Entonces nos lanzamos los punzones  a los pulpejos y nos mezclamos las entrañas hasta la hermandad.

El calor encendía el escozor exquisito.
Por supuesto.
Era eso.
Irresistible incandescencia.

Antes de incidir con los 14 triunfos derechos sobre los 15 trofeos izquierdos  
(porque siempre gano más de lo que merezco), 
escuché tu voz contradecirse a gritos mientras apagaba su propio incendio.  
Me reí sola como una loca. 
Descubrí que el aire me elevaba como un globo de Cantoya y pensé: entre tantas alas, es un crimen mantenerse de pie.

No pude. Por supuesto que no pude contener el hambre que sentían mis uñas.
¿Lo hubieras hecho tú?
Y me entraron unas ganas necias de contarte, pero la vida me tapó los ojos.
Desperté hoy con 15 soles mirándome de frente y 14 estrellas clavadas en el corazón.
Casi me ahogo.
Las marcas de guerra están desapareciendo, así que me pareció justo rendirles homenaje en estos minutos de casiadiós.

 -Huitzil




domingo, 27 de enero de 2013


Creo que por fin se me pasó el encaprichamiento hacia la incógnita de tu repentina aparición
Fue uno de esos momentos efímeros,

Como cuando cae un suéter al mar abierto desde la balsa;
el teselarse de un gis contra el concreto del piso
Se me revolvió la sopa de lentejas

Fui a lavarme las manos
y cuando regresé el pupitre de enfrente estaba vacío
Pero el aula seguía tambaleándose debajo de mis pies
como en rechazo del cacareo de las aves que restaban en aquel estanque de conocimiento
Una de tantas sombras me dijo que nos confundió en el pasillo de salida.
Agarré mis cosas y salí para salpicarme la inseguridad con el aire nocturno
Y para no volver nunca

Espero ya no toparme conmigo misma de esa manera

-Pretroica Multicolor



te extraño
Como si quisiera lamerme el codo izquierdo
Tal vez si mis ojos fueran verdes te quedabas

te extraño 
Bastante

Como 300 toneladas de pluma de ganzo, suaves.
Me gustaría aprender a lamerme la nariz
como tú lo hacías 

sólo para presumir.


-Passer domesticus

viernes, 25 de enero de 2013

It was my brother who told me vertigo is nothing but the urge to let yourself go,
as rapidly quieted as it was considered by your senses to be a reasonably good idea.
Truth is not everyone needs a rooftop, open window or suspended bridge.



Sometimes a hanging 
                             indent
                                      is all it takes. 



Vertigo rushes up your spine, in a moment of hesitation, and implants the 'what if' in your head. Be assured your will lose your footing. Be assured you will slide.

Is it true people die before they hit the concrete? I've seen so many people drown in a puddle of their own self-doubt. 

I am sure some others, those who do not frantically hold on to whatever lifeline they may grasp,  learn how to take the hit.

Me? I am almost certain I'll get away with it, because it was me in the first place who put that foot out in the air, followed a moment after by its brother.

I like the fall. After the plunge, I'll bubble my way up again, so much the wiser.

-The Grass Parakeet




jueves, 24 de enero de 2013

A mi hermano




Si no sé escribir, es porque no lo hago viéndome a los ojos.



Cambié la respuesta al problema del universo por una cobija más cálida
Descubrí mi nombre graffiteado                      con crayón en la esquina más incómoda de la puerta del baño de visitas    .

Me gustó tu actitud de capitán de los tordos de la plaza, pero sólo porque las palomas te vieron feo
cuando no quisiste tomarte el agua de sandía       .
Y yo soltaba abrazos tercos a las columnas desnudas de la casa en           construcción porque así se me desbordaba la felicidad .

Pero hoy en día ya no me asomo por la ventana si no es para sacar                         humo por la boca,
Más bien estoy           en espera,                                              en arresto domiciliario entre el espejo y la pluma roja que dice que saqué siete
       en la entrevista de trabajo que nunca tendré.

Y sólo vivo del agua de la llave
y mis llaves se la viven en el agua   .



Creo que hay mucho

amarillo, demasiado

y necesito verme menos translúcida del pecho y del alma
Por eso me seco cara con las últimas páginas del libro que me regalaste .
La tinta corrida me recuerda que ya no te tengo m i ed  o
Es un sentimiento parecido a cuando se mandó tirar la casa de árbol de las patas largas
Y se rompió,                  con ella, la evidencia de cuando le arrojamos lloviznitas de balines a los focos del vecino que nos cagaba                              la puta madre                     .
Le tronamos todos menos cinco, dejando la fachada en reflejo cínico de nuestras sonrisas, de cuando corrimos de vuelta a la              casa, con tan pocos dientes como años en este planeta.

La lactosa, el chocolate en polvo y la langosta parlanchina de la historia que se nos leyó aquella noche.
Pero                       todavía cabían nuestros sueños en la sombra del mueble de los leones.
Si se me despertaba con cajeta, si se me despertaba                        con ganas de gritar dibujitos.

Fue en uno de esos días que te amarré a la bici con mi resorte mágico y nos aventamos al jardín por las escaleras
Y le dimos besos         al concreto y le dimos besos al pasto        ensangrentado
Y nos tiramos a la alberca en                  piyama
Y nos comimos las guayabas del árbol de la escuela, atrás del columpio de jirafas
Con el perro del vecino ladrando como degenerado
Porque no queríamos hacer la tarea.


Y                 me pronuncié una sentencia interesante              esperando tu regreso del hospital, con un peluche entre mis brazos y sentada en la esquinita de mi cama   .

Dos días después Martín                   vomitó en la alfombra, y el azul de aquel pequeño espacio perfecto se volvió el hoyo negro de las cosas que nos susurramos el uno al otro con la mirada para cuando discutieran nuestros padres
Porque en la película que vimos a escondidas le cortaban la cabeza al malo de una patada
.

Se llenó de polvo y bichos la Fanta que dejaste en el pasillo toda la semana

El armario roto de la             tía. La cola de lagartija se seguía moviendo         en su prisión de frasco de miel de abeja           .

Todavía hago pausas                                               entre cucharadas            y se me despellejan muchos otros, como si fueran las estrellas fosforescentes del cuarto en el que pasamos de seis a ocho. Como grillos pisoteados. O las hormigas de San Juan: heroínas valerosas de cien mil batallas de estuche a la hora del recreo.

No le presté mi cepillo a nadie más, como me dijiste

Puta, ahora que me acuerdo también nos tiraron la nave espacial que construimos con la caja de la tele.
Le habíamos pintado                           todo lo de adentro con crayones olvidados y para los botones pegamos cevalines con plastilina verde . Casi lloro .

Y la varicela que nos dio,
                          la que           le contagiamos a los primos y a la nana    .
Esa noche cené pan dulce con los fantasmas geométricos, por la fiebre. El calor de la taza me tomó por los hombros con una ingenuidad certerísima.
¿Qué fue lo que pensamos cuando se nos dijo de la pistola del bisabuelo
Y de Colorado en las postales?

Nuestros deseos de ser grandes, los que tuvimos de niños
no son sino peces atrapados en el cableado elástico de nuestra percepción, y de esta poda sináptica tan pinche, que nos deja cada vez más llenos de resentimiento  .




Porque, aunque en sentido contrario, tú y yo tiramos hacia la hipérbole cuando jugamos a la pelota.

-Pretroica Multicolor