jueves, 10 de abril de 2014

Santiago, sin ti, ¿qué hago? (esto no es poesía)

A veces, en la pausa de un bostezo
Suele anunciarse el final de los tiempos
Por los rastros de aluminio en tu sanguinario torrencial
Una poca elipsis encerrando un comercial de desodorante.
Y así se contiene a sí mismo un segundo entero
Acurrucadito
-en el necio oscilar de aquel bronce hecho campana
-en el silencio de quien se consume a solas
Como vela eléctrica de iglesia remasterizada,
Es ésta la vuelta al mundo en setena mil millones de putadas
Y de putas (p)atadas.

En el siguiente acto se fragmenta una vasija de arcilla,
Un vaso improvisado para tu clara con limón
Así, contra el adoquín también intolerantemente milenario
Forjándose ya, veinte y tres líneas en la arena
Más una polvareda blanca en la nariz de mi compañero de piso,
Porque el viento aquí escribe con dislexia
Y por eso le pega de muletazos a aquel indigente primer-mundista
Cada cuarto de hora
Para recordar que la heroína es como la matemática 
Y punzo-corta igual en todos lados
Aún con el freno de mano metido hasta el topedelculodelcoche.

Y de pronto (interviene el coro) entiéndolo todo
Y el todo (la orquesta de pie, indignada) me capta también a mí
Pero estas palabras no me sacian y entonces las retuerzo
Me hago de un caldo la inocente destripada
Y del pescuezo insípido, como grifo en desesperación, me invento lo restante
En suma renuncia a mi propia educación
Consumada en un abrir y rebanar de ojos.
Pero bueno, ve y anda lúcida y triste,
Arrastrando sombras peregrinas en Obradoiro
Como prado masticado por las reses
De vuelta al campo, vuelta mierda y vuelta hierba y vuelta vaca.

Así es el arte.

Y pues nada:
Te vuelves cada vez más personal y no sé ni como escribirte

Por eso, mejor, me basta con estas mamadas.

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