Cambio a Español. Llego a DF. Aeropuerto Benito Juárez.
Mi primo a la entrada. El abrazo grande de siempre.
Cómo estás qué haces te extrañé. Y qué pues a tragar. Pues vamos. Una esquina y a la otra a la derecha en Insurgentes. Ahora qué quiere este ca...ay no mames ya nos paró la pinche patrulla. A ver aguanta que es vieja le aviento el cuento de siempre y vemos.
------El súbito apretarse de la feminidad a lengua suelta------
Oigaoficialperdoneustednuestrarotundaequivocaciónestánarreglandonovimoselcarrildelmetrobúsdiscúlpenosdeverdadsomosestudianteshumanosanimalesimbécilesnomerecemoslavidanoseamalamevoyamorirdehambredetodosmodosporqueestudiéhumanidades.
------El consecuente salivar tan cortado que le erosiona a uno la garganta------
Estábienseñoritalaentiendoperoasíestálacosaperoesperepueslaescoltamosentoncesacasadesuamigoperoeljovennoshaceelfavordeacompañarnosalcorralón.
Vete a hacer ese desmadre y te cáele acá después y vemos. Sin morderse la boca por dentro, seño, de favor. Cómo cagan los puercos. El intestino me palpita. Diamantes de a peso. Diamantina, más bien, en la suela sucia de tu tenis roto.
------Me saltan a la conciencia mis propios complejos sociales y me aprietan la yugular; me doy un verdadero asco yo sola a veces------
Se piden tacos. Se comen tacos. Y yo les tiro toda la salsa encima. Otra Pacífico y vemos los coches estamparse unos con los otros en las glorietas de nuestras mentes; la de Camarones y la de Cibeles y la de los Coyotes y la de la Palmera y de las Serpientes porque todas son la misma como lo somos nosotros igual.
El techo lo es también. Halem no llega, pero está Koko, chulo, charlamos. Fumamos. Comemos chetos viejos. Comemos manzanas. Mis maletas en la sala junto al arbolito de navidad castigado en la esquina. Prosopopeya. Entra en escena toda la gente conocida por la puerta roja. Regresa Josema con la fianza pagada. Regresa Halem. Abrazos.
Cómo estás qué haces te extrañé. Fumamos. Se van. Otra piyamada y el timbre sigue sin servir. Casa de Diego, casa del otro Diego. Diana y los gatos y los huacales y los sillones llenos de pelo. Y la bolsa de dormir amarillo y el cuarto color verdeazuladoverdosoazul. Coyoacán y los perros callejeros. Desayunamos tamales de la esquina (soy una cerda y pido siempre de dulce porque de escuincla no podía comer chile). Pasa una semana. Pasan otros dos días. Las noches de mezcal neón y las bachitas juegan a hacer pirámides en las esquinas. Una cama distinta cada noche. Y una azotea y un piso de mosaico vino. Pato. Mis padres furiosos porque no llego a casa. Mi perra mata-leones indiferente, porque no es mía. El camión de toda la vida, el camión de cada fin de semana por siete elongados años de puta cagada. Ciudad en degradados secos y el campo mexicano, el que no sirve porque no lo dejamos servir. Querétaro chido y odioso. Atardeceres plásticos.
La familia y mi cuarto se desenfunda en hojas cansadas y veo las cosas colgadas de la pared que me ponen en cara todo aquello de lo que no me gusta pensar y de lo mismito que sigo amando.
Escocia se ha evaporado. Estoy de vuelta y la cabeza me pesa como ancla.
Mi primo a la entrada. El abrazo grande de siempre.
Cómo estás qué haces te extrañé. Y qué pues a tragar. Pues vamos. Una esquina y a la otra a la derecha en Insurgentes. Ahora qué quiere este ca...ay no mames ya nos paró la pinche patrulla. A ver aguanta que es vieja le aviento el cuento de siempre y vemos.
------El súbito apretarse de la feminidad a lengua suelta------
Oigaoficialperdoneustednuestrarotundaequivocaciónestánarreglandonovimoselcarrildelmetrobúsdiscúlpenosdeverdadsomosestudianteshumanosanimalesimbécilesnomerecemoslavidanoseamalamevoyamorirdehambredetodosmodosporqueestudiéhumanidades.
------El consecuente salivar tan cortado que le erosiona a uno la garganta------
Estábienseñoritalaentiendoperoasíestálacosaperoesperepueslaescoltamosentoncesacasadesuamigoperoeljovennoshaceelfavordeacompañarnosalcorralón.
Vete a hacer ese desmadre y te cáele acá después y vemos. Sin morderse la boca por dentro, seño, de favor. Cómo cagan los puercos. El intestino me palpita. Diamantes de a peso. Diamantina, más bien, en la suela sucia de tu tenis roto.
------Me saltan a la conciencia mis propios complejos sociales y me aprietan la yugular; me doy un verdadero asco yo sola a veces------
Se piden tacos. Se comen tacos. Y yo les tiro toda la salsa encima. Otra Pacífico y vemos los coches estamparse unos con los otros en las glorietas de nuestras mentes; la de Camarones y la de Cibeles y la de los Coyotes y la de la Palmera y de las Serpientes porque todas son la misma como lo somos nosotros igual.
El techo lo es también. Halem no llega, pero está Koko, chulo, charlamos. Fumamos. Comemos chetos viejos. Comemos manzanas. Mis maletas en la sala junto al arbolito de navidad castigado en la esquina. Prosopopeya. Entra en escena toda la gente conocida por la puerta roja. Regresa Josema con la fianza pagada. Regresa Halem. Abrazos.
Cómo estás qué haces te extrañé. Fumamos. Se van. Otra piyamada y el timbre sigue sin servir. Casa de Diego, casa del otro Diego. Diana y los gatos y los huacales y los sillones llenos de pelo. Y la bolsa de dormir amarillo y el cuarto color verdeazuladoverdosoazul. Coyoacán y los perros callejeros. Desayunamos tamales de la esquina (soy una cerda y pido siempre de dulce porque de escuincla no podía comer chile). Pasa una semana. Pasan otros dos días. Las noches de mezcal neón y las bachitas juegan a hacer pirámides en las esquinas. Una cama distinta cada noche. Y una azotea y un piso de mosaico vino. Pato. Mis padres furiosos porque no llego a casa. Mi perra mata-leones indiferente, porque no es mía. El camión de toda la vida, el camión de cada fin de semana por siete elongados años de puta cagada. Ciudad en degradados secos y el campo mexicano, el que no sirve porque no lo dejamos servir. Querétaro chido y odioso. Atardeceres plásticos.
La familia y mi cuarto se desenfunda en hojas cansadas y veo las cosas colgadas de la pared que me ponen en cara todo aquello de lo que no me gusta pensar y de lo mismito que sigo amando.
Escocia se ha evaporado. Estoy de vuelta y la cabeza me pesa como ancla.